Thursday, October 21, 2004

choreo

En época de estudiante universitario, cuando era mas chiriboga que ahora, salía de la politécnica del ejército, cuando esta aún estaba por el hospital militar, a coger bus hacia el Valle de los Chillos en La Marín. Realmente era una puta aventura, nadie hacia fila, no había ningún tipo de respeto por edad o sexo, todos iniciábamos una masacre cuando la buseta llegaba al paradero, el objetivo era subirse a como diera lugar. Y por supuesto no faltaban los carteristas que en el tumulto, finamente se sustraían las billeteras de los incautos, incautos como yo. Esa noche, peleado por embarcarme, sentí un roce en la nalga derecha, casi imperceptible, inmediatamente mi mano derecha bajo al bolsillo de atrás, y OH sorpresa, aunque estaba abotonado!!!, pero la billetera ya no estaba.

Vire la cabeza y logre detectar al ladrón(a), era un señora en sus 6 meses de embarazo como mínimo, con un bebe a sus espaldas, Uds. saben, como suelen ponerse las mujeres de la sierra a los pelados en las espaldas con un manta. Vieja malparida se hizo la loca y se alejó del tumulto, le grité y la seguí, me enfrentó diciéndome que estaba loco, que ella no era ratera y enseguida salieron de la nada ocho o mas malencarados ha defenderla. Otro señor se me acercó y me dijo en voz baja "mejor váyase que estos son montoneros y lo van a cortar". Listo, me tragué el coraje y el orgullo y me subí a la buseta, ya en el estribo pues estaba repleta. Recuerdo bajar la autopista Rumiñahui colgado del estribo con medio cuerpo afuera de la buseta a las 11:00 PM, el puto frió me entumecía la cara. Que época.

Cabreado, humillado, no me quedó mas que quedarme frió y empezar a pensar como renovar cédula, licencia y tanta huevada, plata la verdad no tenía, y tarjetas de crédito, jaja, en esos tiempos eso era un lujo para mi. Luego de unos días recibí una llamada a la oficina de un Dr. XXXX, me pasaron la llamada, se presentó amablemente y me dijo que a él lo habían tratado de asaltar en La Marín y que para su buena suerte un policía lo ayudó y que lograron que una señora le devuelva su billetera y que por el susto, la tipa esta había arrogado al piso una o dos billeteras mas. Y que él las tomó, vio mi tarjeta con el número de la oficina y que me llamaba para devolvérmela. WOW, que tal eh?, que suerte dije yo. Pensé rápido y le dije que ese mismo día por la tarde pasaba por su oficina a recogerla y que por favor aceptara una minúscula recompensa? la cual el negó aceptarla de inicio, pero terminó el tema con la típica frase ecuatoriana "ahí usted verá, lo que sea su voluntad, gracias".

Llegue a su "despacho" como a las siete, era un abogado con una oficina de tres pelos cerca del congreso nacional. No me tomó mucho tiempo, saludo, entrega, recompensa, gracias y chao. Contento yo marché relajado pensando en la que suerte me había sonreído, y que era sonrisa me la debía hace rato.

Seis meses después, un tío de mi vieja, conversando en una parrillada casera, contó como hace una semana le habían volado la billetera en La Marín y como un abogadillo de mala traza lo había contactado luego para devolverle por papeles a cambio de una recompensa. No dije nada, me quede callado, luego de reí solo pensando que la viveza criolla nos ataca por todos lados. Nunca mas me deje robar en La Marín, con el tiempo, luego de dos años de estudio, ya me conocían en esa parada de busetas. Como les parece?
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