Tuesday, June 08, 2004

Velarde

El dato de haber sido universitario o bachiller cuando entre al servicio militar hizo que mi año ahí sea muy particular. Primero pase solo tres meses como conscripto, pero aprendiendo todo lo que normalmente te enseñan en un año. Nos tomaron exámenes de todo tipo, y luego, escogieron a los 5 mejores y nos enviaron por cuatro meses a la ESMIL Eloy Alfaro en Parcayacu, donde la idea era enseñarnos en ese corto tiempo, como mandar y ser responsables de un grupo puesto que volveríamos a nuestras unidades originales luego como Subtenientes de reserva.

Esa pasantía en la ESMIL fue completamente extraña, excitante, imperecedera y deprimente a la vez. Una de las historias más crudas es la siguiente.

Teníamos un examen de instrucción personal, nos levantamos a la misma hora de siempre, aseo personal, vestirse y desayuno. Acá el tema de la comida era completamente diferente, desayuno de verdad, en un comedor de verdad, con 15 minutos de verdad para disfrutarlo. Luego del mismo, a formar, armados y equipados pues el examen se trataba justamente de eso. Ahora cuando digo "armado" quiero decir con el fusil, pero sin munición. Nunca tienes el fusil cargado. Únicamente cuando vas a practica de tiro, o cuando estás "de guardia".

Entonces, formados en el patio principal, fuimos al sitio donde teníamos que rendir el examen. Era individual, pasábamos de uno en uno y empezaron en orden de estatura, desde el más chico. Eso de "en orden de estatura" fue un dato para mi. En Loja, en el primer grupo que estuve, éramos como 130 individuos, la gran mayoría de la Costa, y yo era el mas alto… sabemos que nuestra raza no cuenta con muchos especímenes de mas de 1.83 metros de estatura. Así que me tocó ser primero aaaaaalgunas cosas, unas buenas, otras no tan buenas…. Hasta en Clases 6 esta ventaja me sirvió, pero eso se los cuento otro día.

Regresando al examen, ya que teníamos que esperar bastante, nos regamos por el patio a conversar mientras él de turno pasaba adelante. Yo estaba conversando con unos panas, sentado en el piso arrimado contra la pared del gimnasio, a mi lado estaba Velarde. Un pana de Vinces, buen dato el man. Al frente nuestro, a unos 6 metros, como cerrando un semicírculo, estaba otro grupo de tres o cuatro miembros del grupo. Era como media mañana, buen clima, sol matutino y viento agradable, barriga llena, no stress pues el test era sencillo, en general un bien día.

De repente, un trueno me dejo sordo y embobado, escuchando solo un zumbido vacío en mi oído derecho, no reconocía el olor que de pronto percibí. Levante la mirada, recorrí con la misma los grupos de personas que tenía en frente mío, nadie se movía, ni un ruido, pero luego de uno o dos segundos, empezaron los gritos, las caras de susto, algunos empezaron a correr… a todo esto yo igual seguía perdido de la realidad. Claro está, la realidad me encontró de golpe inmediatamente después cuando regrese a ver a Velarde, a mi derecha, el estaba sentado igual que yo con su espalda arrimada a la pared.

Ahora, el tenía una expresión de asombro, pero también como de coraje. Atrás de su cabeza, un alo de sangre alrededor de su cráneo. Entonces note un diminuto orificio encima del labio superior, parecía un lunar. Mi cerebro recién despertó luego del trueno que me dejó entumecido.

To be continued.
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