Tuesday, June 15, 2004

infancia

Trabajaba en una empresa de tarjetas de crédito en Quito. Era mi primer trabajo, tenia 21 años y ya estaba casado, esperando mi primer hijo. El departamento donde trabajado era bueno, tenía sus problemas como todos, pero en general se dejaba estar.

Luego de un tiempo, las cosas se deterioraron, el rendimiento bajó y habían muchos problemas interpersonales entre todos los integrantes del grupo. Probamos muchas cosas para mejorar el ambiente o clima organizacional, pero nada. A punto de desespero contactaron a un "facilitador", este caballero en esa época estaba muy de moda, y la idea fue que en una sesión de dos días, nos ayude a desarrollar un nivel de trabajo en equipo de altísimo grado.

Las sesiones fueron buenas y fuertes, las técnicas fueron de choque, métodos como por ejemplo sentar a una persona en una silla, alrededor el resto del equipo, y dedicarse solo a escuchar sin poder refutar, las opiniones de todos con respecto a su manera de trabajar o a su manera de comportarse como persona integrante del equipo. Ustedes deben conocer algunas de estas técnicas. Este ritmo duro por dos días, y para final este hombre se había guardado bajo la manga el ejercicio más fuerte, al menos lo fue para mi.

Consistía en ubicarse en una silla, individualmente, separados del resto del grupo, cada uno, alrededor del salón. Esto fue por la noche. Bajar las luces del sitio y escuchar con atención lo que este tipo decía. No le tomo mucho tiempo, sus palabras se escuchaban fuertes, algunas corto punzantes, claras y hacían sentido. El tipo sabía lo que hacía. Recuerdo que el mencionaba algo así luego de la introducción…

"Recuerden cuando eran chicos/niños/niñas, véanse, ubiquen en su mente esa imagen de Ustedes mismos en su infancia, en donde están?, en su casa, en la escuela, en el parque, donde sea, pero recuerden que la imagen debe ser solamente de Ustedes, nadie mas…ya lo/la vieron?"

Esto solo es un atrevido resumen de lo que nos decía. Al rato, yo lo vi. Estaba con mi camiseta azul con rayitas blancas, y un short azul, jugando en el patio trasero de mi casa, la cual físicamente ya no veía desde hace diez años. El chico debería haber tenido 10 u 11 años máximo. Estaba descalzo.

El seguía diciendo

"Ahora acérquense a ese niño/niña, llamen su atención, que no se asuste, que no les tenga temor, salúdenlo, pregunten que hace, como está… inspírenle confianza"

Así lo hice. Fue tan claro, verlo ahí. Decir hola, ver su media sonrisa.

"Pídanle que se acerque a Ustedes, aproxímense despacio, vean su carita, no tiene miedo de Ustedes, el/ella confía en Ustedes"

"Ahora, abrácenlo fuerte pero con cariño, que sienta paz, que sienta tranquilidad, y díganle despacio al oído, que YA nunca, nunca nadie mas le hará daño, que nunca mas nadie lo maltratará, por que Usted esta ahí para protegerlo por siempre…"

"Quédense con el niño/a un momento mas, recuerden esa imagen, grabensela, para que la recuerden siempre, confirmen que no habrá mas recuerdos de impotencia o resignación. Están haciendo las paces con ese niño/a…"

Ese abrazo duro épocas, me faltaban brazos. Lo sentí tan real. Fue indescriptible la sensación profunda de alivio y consuelo (aun se me pone la piel de gallina cada vez que recuerdo esto). Pasaron diferentes cosas a diferentes personas en esta sesión, muchas lágrimas y lamentos, mucho dolor guardado con ácido olor a impotencia, muchos nudos en las gargantas difíciles de desatar. Yo me quedé en ese estado de trance o lo que haya sido más de lo debido, el facilitador tuvo que acercarse a mi y despertarme si cabe el término. No quería dejarlo ir.

Al final, me calmé. Pasé més de un mes pensando y analizando esto. Tomé mucho durante esa época. Pero realmente creo que ese encuentro me hizo mejor persona, mejor padre que es lo más importante. El ambiente de trabajo no mejoró un carajo, pero se que algunos compañeros fueron afectados en buena forma por esta experiencia. Cuantos miedos, complejos y anclas llevamos dentro. Cuantos de estos problemas se originaron en la infancia. Que inconsientes somos a veces los adultos.
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